dimarts, 5 de març de 2013

TEO KLOMBERG, EL PADRE TEO, NOS DEJÓ DEFINITIVAMENTE...


Nos deja un hermano, un compañero y amigo ejemplo de vivir pegado al pueblo sandinista y a la Revolución y la Alfabetización. Nos deja un hombre sencillo, austero, humilde y educador de la esperanza. Nos deja una persona con quien hemos compartido muchos momentos de plática y de trabajo, de sueños y utopía. 

Recordamos especialmente aquella inolvidable ceremonia del 50 aniversario de su ordenación sacerdotal, en aquella iglesia de La Merced, en el barrio managua de Larreynaga, en compañía del padre Antonio Castro que hoy oficiará la despedida en aquel mismo lugar; recordamos los preparativos de cada aniversario de la Cruzada Nacional de la Alfabetización con Dª Amparo y el grupo de Madres de Héroes y Mártires de la Revolución y su dedicación a componer un Museo de la Alfabetización que acercara la gesta de la gran CNA al pueblo; recordamos especialmente las celebraciones del 25 aniversario de la CNA en Niquinohomo y del 30 aniversario en la Plaza; 
recordamos sus escritos (El movimiento de los locos, de su experiencia en el Chile de la Unidad Popular de Salvador Allende y la clandestinidad posterior tras el golpe militar de Pinochet, y Algo más que un beso, crónica de su vida en Nicaragua enamorado de La Chavala, el pueblo de Sandino y su proyecto de vida) y también su participación activa en tantas y tantas actividades con el Maestro Pineda y el equipo de la AEPCFA; recordamos sobre todo muchísimos momentos escuchando su palabra pausada y amable y sus enseñanzas envueltas de valores y afecto.

Desde Girona y desde Cataluña queremos honrar su memoria, hacer llegar nuestra condolencia a sus familiares y a todo el pueblo de Nicaragua y expresar nuestro dolor por tan sensible pérdida.
Queremos finalmente recordar unas palabras suyas escritas en la cubierta de Algo más que un beso:

... ¿Para qué escribo? Para levantar al que es aplastado. Para salir en defensa de los derechos del pueblo, en contra de cualquier gran potencia.
Escribo de los que son olvidados nuevamente. Me siento llamado por ellos. En Nicaragua, al igual que en Chile, es la gente sencilla y humilde que me acoge, con los que desde 1990 ya no se cuenta. Aunque son precisamente los pobres, a través de la historia, los portadores de justicia y paz para todos. Ellos son los que se nos adelantan para superar la crisis actual de nosotros, seres humanos.
Lo que me inspira seguir es ante todo La Chavala, el pueblo de Sandino y su proyecto de vida. Es un pueblo con una experiencia de grandeza, que es un beneficio para todo aquel que trata de vivir conscientemente y de reencontrar el camino a la vida. Creo en el pueblo nica...”