dimarts, 16 de setembre de 2014

La alfabetización, entre belleza y dignidad, no hubo tiempo para llorar


La Juventud Sandinista 19 de Julio [JS 19 de Julio] como protagonista de la experiencia revolucionaria socialista y popular de la alfabetización.

Por: Fidel Ernesto.

«Dennos al menos para resucitar todo el tiempo que nos dieron para morir», nunca unas palabras habían condensado y denotado tanto la búsqueda, a día de hoy, de cada uno de los pueblos de América Latina. Una búsqueda que se traduce en dar respuesta a la que una vez Job le preguntó a Jehová. «Si muere el hombre, ¿volverá a vivir?» Quizás, por ello para José Martí esa frase no tenga más sentido ni ubicación, que en Nuestra América. Una América que se retuerce guturalmente en sus dolores y gritos pero-para-parir, no para llorar. Un continente, al que daban por muerto o en el mejor de los casos, en desahuciada esperanza de vida. Sin embargo, y por el soplo de algún viento que se filtra entre las casas humildes, que todavía existen, reavivó el fuego donde se hierve y se cocina, además de la tortilla, el mate o los frijoles, a la mujer y el hombre nuevo. A ese individuo que brota, aún después de los Reyes de Castilla y de los generales instruidos en West Point, en palabras de un pasamontaña llamado Marcos, después de «la larga noche de los 500 años».
Las muestras de que esa América agónica de dictaduras, colonialismos e imperialismos empezaba a andar, fueron los procesos de alfabetización iniciados por la experiencia revolucionaria de Cuba con la «Campaña Nacional de Alfabetización de 1961», y posteriormente, con la «Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980» en Nicaragua. Paradójicamente, mientras en Estados Unidos se negaba el derecho a la educación a gran parte de la población negra, mientras los niños tenían que ser escoltados al entrar a la escuela para que no fuesen linchados por los desenmascarados partidarios del Ku Klux Klan que insistían en la inferioridad del negro, en Cuba, un país con una población afro-descendiente considerable, los estudiantes, tal como ha quedado demostrado con las «Brigadas de alfabetización Conrado Benítez» y audiovisualmente en la película de Octavio Cortázar «El brigadista», quemaban la cuota de mujer y hombre viejo para dar lugar a la razón ética originaria, a la actitud de un nuevo sujeto que aparte de reconocer, se solidarice con aquél que por tantos años había sido, excluido, explotado y olvidado. Pero claro, había que romper con Estados Unidos para poder romper con aquella doctrina de Jefferson, que prohibía la entrada de esclavos antillanos, porque se decía de ellos que tenían la enfermedad de la rebelión. No obstante, el momento álgido no tardó en llegar, y acaeció cuando se les declaró como países libres de analfabetismo. Fue en ese instante, cuando el último milagro mesiánico del: ¡Lázaro, ven fuera! fue dicho a una sola voz, gritada con la garganta de miles de jóvenes estudiantes, de obreros y campesinos que se volcaron a la resurrección del hombre y la mujer nueva. He aquí pues la lección y la irrupción del pobre, del excluido, del explotado y del analfabeto, que se levantaba de su lecho gélido de muerte para enarbolar y fundar una nueva ética y una filosofía de la liberación. No obstante, la reacción terrorista no se hizo esperar «véase la Sentencia de la ICJ de EEUU vs. Nicaragua», y cómo sucedió con Lázaro igualmente, los sacerdotes del mundo occidental acordaron la muerte definitiva de Lázaro, para que no hubiera testimonio vivo de lo logrado por Cuba y por Nicaragua. Después de la tragedia, se pensó naturalmente en el llanto y las lágrimas, pero ni en el norte de Nicaragua ni en Escambray ha habido tiempo para ello, y la Juventud Sandinista 19 de Julio, representa ahora con el hecho de asumir por sí misma el permanente proyecto revolucionario de la alfabetización, lo que Julio Cortázar llamaría esta nueva «batalla de los lápices».
La JS 19 de Julio, más allá de haber llevado a cabo el proyecto socrático de otorgar las herramientas necesarias para el desarrollo y el conocimiento de las personas por sí mismas, le imprimió el sello propio de su tiempo y su circunstancia, tal como es la liberación y el sandinismo. Que diciendo solidaridad, soberanía, internacionalismo y compañerismo, estaríamos diciendo lo mismo. La JS 19 de Julio, y el pueblo sandinista de Nicaragua en su conjunto, lograron concretar una hazaña más allá de los cánones tradicionales de la historia contada desde Heródoto, Tucídides, Tito Livio o los cronistas de indias. Pues, a diferencia de aquellos testigos literarios del pasado, la nueva historia que inaugura la Campaña Nacional de Alfabetización de 1980 en Nicaragua, y que la JS 19 de Julio mantiene como experiencia revolucionaria socialista y popular, a pesar de sus dolores y sus gritos, parió una nueva concepción de las tesis de la filosofía de la historia. Pues, donde antes habían narraciones de combates entre estrategas de distintas civilizaciones, duelos por los dominios de las distintas casas reales, inventarios de esclavos o gladiadores transportados o vendidos, en América Latina, por el hecho de haber sido la perenne víctima de las pericias militares, bien de Fernando VII como de Ronald Reagan, en esta región se comenzó a escribir la historia de la solidaridad de la mano de sus mismos actores. Ya que, si algo tiene la alfabetización como proyecto y prueba por antonomasia de humanidad, es de surgir del seno de los oprimidos, que al reconocerse como tales y obtener esa conciencia ética originaria de liberación, no pretenden la opresión de la surgen y han padecido. No hace falta escudriñar en demasía en la «Pedagogía del oprimido» de Paulo Freire, para enterarse de la gran carga humana, original y solidaria con que la alfabetización inaugura una nueva concepción no sólo de la historia, sino del sujeto que la hace.
Quizás, esta cuestión tome aún más importancia con la esencia del pensamiento de Giambattista Vico, quién al llegar a la conclusión del «Verum ipsum factum», busca sintetizar lo siguiente: que sólo podemos conocer verdaderamente aquello que nosotros mismos hacemos. Y si la JS 19 de Julio, a través de sus métodos, pretende demostrar que se puede escribir una historia de la solidaridad, y por ende, conocerla detalladamente, ya que seremos nosotros mismos quienes conscientemente la hagamos, sería pues, una forma alternativa de superar esa, hasta hoy perdurable situación, que gracias a la sensibilidad de Walter Benjamin nos percatamos de su alcance. La de creer erróneamente que el progreso debe ser independiente de la destrucción que genera, sin ética y sin coherencia. En ese sentido, la continuación de la «Campaña Nacional de Alfabetización» por parte de la JS 19 de Julio, es una solución a esa dialéctica negativa de la historia. La cual, bien necesitando poco tiempo, como la duración de la onda expansiva de alguna de las bombas atómicas desprendidas alevosamente desde el Enola Gay, o bien tardando siglos, como ha sucedido con la legislación esclavista y sexista desde los romanos hasta hace bien poco, ha demostrado con los detalles y las sombras de cualquiera de las escuelas de arte plástica, las desgracias que durante nuestra tristemente célebre historia humana se ha hecho, y no sólo hecho, sino lo peor, que las hemos repetido. Es decir, que si la JS 19 de Julio se propone que la historia de la educación en Nicaragua, tal como la han concebido a partir de la revolución sandinista, sea una referencia para los distintos tipos de relaciones humanas, con claves de pacifismo, de solidaridad, de soberanía y de paz, comparable indudablemente al gesto originario ghandiano de conseguir la autodeterminación para la India, no única ni exclusivamente para la creación de un cuerpo estatal independiente de Gran Bretaña, sino, como patrón para proceder en las innumerables relaciones intersubjetivas y humanas a la cual se deben afrontar. Tal es el caso, sólo para citar algunos de los ejemplos más acuciantes de las relaciones norte-sur, de la consecución de la paz en las zonas de conflictos, la procura de salud y alimentación en los sectores con altos índices de mortalidad o desnutrición, entre otros. Entonces, si es eso lo que la JS 19 de Julio se propone, si es ese instituir una ética sandinista de actuar, tal como lo vienen haciendo hasta el momento, mi enhorabuena para esta parte integrante e indispensable para la permanencia de la Revolución Sandinista.
La cuestión de la alfabetización, no debe ser tomada ni comparada con la simplicidad de una medida gubernamental. Es ahí donde la JS 19 de Julio afronta su peor obstáculo. Principalmente en la población adulta, que con programas como «Yo sí puedo» están dando solución a las consecuencias del período neoliberal de gestión económica que perduró en Nicaragua desde 1990 hasta el año 2006. Pues, en estos tiempos, los grandes desafíos del acceso a la educación abarcan a la población mayor. Prueba de ello, es que el SITEAL [Sistema de información de tendencias educativas en América Latina] en el Informe destacado de 2013, señala en 25 % el analfabetismo para la población mayor de 35 años, y en 13,4 % para la población entre 25 y 34. Una solución a esta problemática, en una época en la que el Mercado se ha expandido casi epidémicamente en la educación, tanto que la convertido en un negocio falto de aquello que para Marx o Kant se consideraba como medida de valor, pero invaluable a la vez, la dignidad humana. Esa situación de abandono educacional por parte del Mercado es lo que la JS 19 de Julio está tratando de superar con la dignidad y belleza revolucionaria heredada de todos aquellos jóvenes que una vez se volcaron a revertir el daño educativo que la dictadura somocista había desencadenado después de 45 años de oscuridad cultural y espiritual. En este escenario, la educación debe buscar medidas que eludan la plaga del Mercado. Esa, que erige en máxima que sólo es útil pensar y enseñar aquello que es útil para el hombre y la mujer del siglo XXI, que falsa y fantasmagóricamente, más bien sofísticamente diría, nos hacen creer que es la acumulación por la acumulación. Cada día que pasa, y con la complicidad de los imperios de la comunicación masiva, Protágoras deja de ser menos del siglo III a. de C., y de Abdera, para volverse de cualquier sitio y de todo tiempo por venir, ya que su: «el hombre es la medida de todas las cosas», enunciado a una sola voz desde todos los centros financieros, industriales y culturales del mundo que se llama a sí mismo moderno, no hace más que incitar a que el sujeto vuelva a convertirse en lo que para ellos sigue siendo verdad, un lobo para sí mismo. Sin embargo, esa licantropía con la que comulgan los países que han adoptado al capital como holocausto necesario, y han deificado con la misma sangre del sacrificio al Mercado, tal como en su momento lo hizo Mrs. Thatcher, debe acabar.
En este sentido, la alfabetización, que proviene de la más hondas raíces de solidaridad obrera que se puedan encontrar en la Revolución Bolchevique [Memorias de Lenin, N. Krúpskaya], o bien, en las de la II república española [Los milicianos de la cultura, Christopher H. Cobb; Las maestras de la República, Elena Sánchez de Madariaga], representa una alternativa para des-mercantilizar esa actividad intrínsecamente espiritual que es la educación. Educación, que al igual que al derecho a la salud, las han querido dejar fuera de las fauces del Mercado con el constructo constitucional del Estado social, pero en este período, en donde el mismo concepto de Constitución está en crisis, ¿cómo no se hará vulnerable todo lo que ella contempla?, desde la educación hasta la soberanía. Por ello, la JS 19 de Julio debe tener en cuenta que al provenir del pueblo organizado, tiene en sus manos la actitud originaria de poder, soberanía y solidaridad, con la cual construir un mundo nuevo para hombres y mujeres nuevas, en la que la dignidad deje de estar en el estante del mercader y la educación esté en la puerta de cualquier casa, incluso en aquellas que debido a su humildad, no tengan puertas. Por razones como éstas, que la JS 19 de Julio está adoptando en estos momentos con respecto de la alfabetización, es que ha demostrado, que a pesar de los dolores y los gritos que en la lucha contra la dictadura los revolucionarios han sentido y gritado, para entonar finalmente el de ¡Victoria! un 19 de Julio de 1979, han sido gritos y dolores de parto, y como todo parto, para traer algo nuevo, la dignidad de un pueblo que no ha tenido tiempo para llorar y que no espera parir gracias a una anunciación angelical, sino de la solidaridad que tenga para con él mismo.

Feliz XXXV aniversario de la Revolución Popular Sandinista.
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Madrid, 17 de Julio de 2014.